José Manuel de la Torre hace todo lo posible por defender lo indefendible y eso calienta más a las hordas que lo quieren linchar. Lo único que está haciendo es repetir su historia como director técnico: una carrera ascendente, deslumbrante… después viene la cerrazón ante los primeros malos resultados, la falta de imaginación, el miedo y la necedad.
Cambiar de director técnico siempre ha sido una buena medicina en la historia del futbol de México. La experiencia avala a periodistas, comentaristas, analistas y aficionados que sólo quieren que José Manuel de la Torre se vaya a su casa y asuma todo el peso del fracaso.
Pero él no gana nada y lo sabe, al contrario, le darían un golpe casi mortal a una carrera que se había recuperado de su despido de Chivas. No aprendió la lección, ahora piden su cabeza por las mismas razones que en el 2007 fue despedido sólo nueve meses después del último título del Guadalajara: "Está claro que hubo una pérdida de liderazgo dentro del equipo, el proceso del equipo se convirtió en defensivo y no en ofensivo como lo queríamos, y no solamente eso, sino que jugábamos a cómo no perder y no a cómo ganar". Fueron las razones que dio entonces Jorge Vergara. Podrían calcarse a las críticas que recibe hoy el Tri.
Estamos viendo una típica reacción de miedo del Chepo de la Torre. En la selección mexicana de futbol hay una fiebre de pesimismo, confusión y pavor. Esto ha generado decisiones incomprensibles, experimentos fallidos, lujos que no te puedes dar en una crisis. Hay sobre todo una gran desesperación en la toma de decisiones.
Ahora… ¿Chivas ha tenido un mejor técnico desde que lo corrieron? No. ¿Hay garantías de que un cambio resucite al Tri? Tampoco. De la Torre tiene que matar a sus fantasmas y sus miedos en forma urgente o pasará a la historia como el técnico que jamás creció. Se le acaba el tiempo.






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