RSS

LA DOMINGUERA - 28 JULIO 2013


Perdida entre el cúmulo de noticias del fin de semana pasado, muy poco se habló de la muerte de Bert Trautmann.
Su leyenda suele polarizar el juicio hacia uno de los mejores guardametas de la historia, casi desconocido fuera de Inglaterra y su natal Alemania.
Es la travesía de un paracaidista nazi que se hizo ídolo del Manchester City, pero que nunca jugó para su Selección.
Nació en Bremen, en 1923, y enfrentó una infancia difícil; su padre, obrero de una empresa de fertilizantes, se quedó sin trabajo; él batalló en la calle y comedores comunitarios.
Se alistó en las huestes juveniles de Adolf Hitler, un lugar en el que podía practicar deportes y aspirar a un futuro.
"Unirse a las juventudes hitlerianas era una aventura porque a esa edad no tienes conciencia de ti mismo", dijo.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, en 1939, se apuntó para ser traductor de clave morse, pero no aprobó el examen. Acabó como paracaidista en el frente ruso.
"No te ofreces de voluntario para matar gente, sino para defender la tierra de tus padres", expresó.
Luego fue enviado al frente francés, tras la invasión de los aliados, donde peleó hasta ser capturado, con cinco medallas de valor en su pecho, incluida la Cruz de Hierro, en 1945.
No había charla en la que Trautmann no platicara que de su regimiento de mil soldados sólo sobrevivieron 90. La vida en captura le resultó mucho mejor que en batalla, bajo nieve y sin provisiones.
Con los años, el jefe del campo de prisioneros, un general escocés, armó un equipo de futbol para socializar con los ciudadanos de Lancashire.
Un día enfrentaron al St. Helens Town, un equipo semiprofesional. Bert era delantero, pero ese día se lesionó el arquero, así que ocupó la posición y dio un juegazo.
En 1948, el Gobierno inglés emprendió la repatriación de los prisioneros, pero él decidió quedarse en Inglaterra para dedicarse a la agricultura y el St. Helens Town le ofreció un modesto contrato.
En noviembre de 1949, su equipo enfrentó en un amistoso al Manchester City, que se llevó a la joya de portero de aquel equipo de pueblo, pero Trautmann no fue bienvenido.
"Siempre había un maleducado que después de 15 años seguía llamándome nazi", confesó.
Hubo miles de cartas al club, protestas, reclamos en los periódicos y gritos racistas en los estadios para que lo corrieran, sobre todo de ex combatientes y familiares.
Incluso, 20 mil personas salieron a las calles de Manchester a pedir su despido.
Sin embargo, en la cancha halló la manera de cambiar las críticas. Efectivo, talentoso, físicamente impresionante, espectacular y a veces tribunero, fue cuestión de tiempo para que se convirtiera en uno de los favoritos de la Liga. En 1956 llegó a la Final de la Copa FA.
En ese juego se rompió el cuello y se hizo leyenda. Peter Murphy, del Birmingham, fue a pelear un pase filtrado y estrelló su rodilla en Bert.
Entonces no había cambios, así que se quedó, pese al intenso dolor por quebrarse la segunda vértebra; no murió porque quedó tapada por la tercera.
El City se proclamó campeón por 3-1, pero Bert no podía mover el cuello. La lesión lo tuvo siete meses fuera.
Jugó 545 partidos con el Manchester City entre 1949 y 1964. Se retiró y más de 48 mil personas acudieron a rendirle tributo. Dedicó el resto de su vida a acercar a Inglaterra y Alemania, y la Reina lo premió en el 2004 con la Orden del Imperio Británico por ello.
Trautmann acompañaba a la Selección Alemana, aunque no se le permitió jugar porque entonces sólo podían hacerlo quienes vivían en el País.
A principios de año sufrió dos infartos y murió el 19 de julio, a los 89 años.

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • RSS

0 comentarios:

Publicar un comentario